LA MUERTE PUEDE IMPULSAR LA VIDA

LA MUERTE PUEDE IMPULSAR LA VIDA

Todos en algún momento de nuestra existencia, hemos de sufrir la experiencia de la muerte; cuando eso sucede puede ser un buen momento para dar un nuevo impulso a nuestra vida.

Contacto con la muerte

Cuando yo tenía 23 años de edad, mi padre que siempre había gozado de buena salud, de un día para otro empezó a sentirse mal y comenzó a sufrir molestias extrañas. En la consulta, los médicos determinaron operar inmediatamente. La operación solo sirvió para confirmar lo peor: Melanoma Carcinoma generalizado en el tubo digestivo. Después de dos meses de sufrimiento, él exhala su último suspiro y nos deja a mi madre y a nosotros sus 5 hijos (yo soy el mayor), mirando hacia el cielo tratando de buscar una explicación.

La única respuesta que apareció en el fondo de mis pensamientos fue, Dios me está preparando para algo, no sé qué es, pero lo descubriré.

Seguí mis estudios de Ingeniería y finalmente me titulé. Ejercí como Ingeniero Civil Químico en varias empresas y en diferentes ciudades, hasta que 20 años después de salir de la universidad, descubrí para qué me estaba preparando Dios. Me convertí en terapeuta y a los pocos meses me desarrollé como Coach en Regulación Emocional. La experiencia vivida con mi padre, me ha ayudado a empatizar mucho más fácilmente con aquellas personas que han sufrido la pérdida de un ser querido, y que esa pérdida los ha dejado entrampados emocionalmente.

Recuerdo a una viuda que llegó a mi consulta, llevaba 14 años de luto. Aún lloraba los cumpleaños del esposo difunto y ni hablar del aniversario de su fallecimiento. Apelando a mi propia experiencia (Lloré a mi padre por los tres años siguientes a su partida), con la inspiración del Cielo y enseñándole las herramientas que he aprendido, finalmente ella logró asimilar correctamente la partida de su marido. Le cambió su vida. Aprendió a disfrutar los momentos más sutiles y a gozar de la vida junto a sus hijos y nietos.

Momento para cambiar

Recuerdo cuando yo era joven. Mis padres tenían un grupo de amigos con los que siempre se reunían para celebrar y disfrutar. Nosotros jugábamos con los hijos de ellos. El esposo (tío Jorge) trabajaba en la marina y siempre era más bien retraído, un poco serio y participaba poco de las bromas que surgían en los encuentros.

En una oportunidad al tío Jorge le tocó una misión en La Antártida. Antes de llegar allá en pleno viaje por los canales del sur, se le declaró una apendicitis que pasó rápidamente a peritonitis. En el buque que viajaba no había cirujano y no existían las condiciones para operarlo. El buque tuvo que regresar a Punta Arenas lo más rápido que podía. Cada cierto número de millas, los marinos debían bajar a tierra a buscar nieve para detener el avance de la infección en su abdomen. Finalmente lograron llegar al hospital de Punta Arenas, donde una operación de emergencia le salvó la vida.

Esta experiencia al Tío Jorge le significó como nacer de nuevo. Recuerdo perfectamente que cambió su forma de ser, se convirtió en un ser mucho más entretenido, amistoso, conversador y sobretodo gozador de la vida.

He oído de otros experiencias similares, de personas que han transformado su forma de ser, después de la partida de algún pariente cercano o amigo muy querido.

Resistencias

En mi consulta cada cierto tiempo me toca acompañar a alguna persona que llega con sufrimiento por la partida de un ser querido. El desconsuelo y la tristeza son tan grandes que les impiden ver el verdadero sentido de la muerte.

Todos estamos irremediablemente destinados a partir de este mundo en algún momento. Sin embargo, nos aferramos a la vida y “amarramos” a nuestros seres más cercanos tratando de impedir que sigan su camino.

La experiencia de la muerte, debe ser un recordatorio de que estamos de paso y que debemos cumplir con lo que vinimos a hacer: “Crear”, “Aprender” y “Disfrutar” la vida.

Esto último puede ser un tanto difícil de asimilar e internalizar si no se cuenta con el apoyo terapéutico adecuado.

Carlos Schafer Ramos

Terapeuta en Biomagnetismo Médico

Coaching y Mentoring en Técnicas de Regulación Emocional

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  • Angelica Mansilla

    Carlos,me he quedado pensando sobre lo acabo de leer,hace muchos años ya no tengo a mis padres,su partida fue muy triste,y personalmente me bloquee,cuando fallecio mi mama,no logro hasta hoy despues 32 años recordarla sana,mis recuerdos de ella son en cama sufriendo,tenia cancer,y no poder hacer nada por ayudarla es muy fuerte,estuve con ella al momento de su partida,y ese es el momento que me quedó…Pero con el pasar de los años,ya no sufro por eso,doy gracias de haber estado cuando ella partio,la tenia de la mano y ese momento es lo que siento que me queda de ella…
    En cuanto a la la partida de mi papa,yo vivia lejos de ellos,tuvimos que viajar cuando nos enteramos,fue sorpresiva su partida,pero el era una persona muy especial,siempre nos dijo que el dia que Dios lo llamara,nosotros no teniamos que sentir pena,que el iba a estar bien,y que debiamos celebrar que el estaba bien,por eso su partida me dejo algo de paz porque se hizo lo que el en vida queria y era su esencia,gozar la vida y el dia a dia,de eso tb hay que aprender la
    leccion que nos dejó.La vida hay que vivirla de la mejor manera,con buenas compañias,buenos cariños.

    • Carlos Schafer

      Estimada Angélica. Muchas gracias por tu gran testimonio. Es verdad que la partida de nuestros padres siempre marcan de una u otra forma nuestra vida. Se ponen a prueba todos nuestros sentimientos y surgen el apego y la necesidad de soltar. En algunos casos que me ha tocado atender, el apego es tan grande que les cuesta mucho asimilarlo, y el aprendizaje de “Soltar” se vuelve una odisea. Celebro que hayas podido resolver tus situaciones emocionales con la partida de cada uno de tus padres. Saludos.