Cómo dejar de fumar

Cómo dejar de fumar en cuatro sencillos y poderosos pasos

En mi juventud fumé demasiado, un día decidí dejar de hacerlo; me costó, pero lo logré.

Cómo dejar de fumar resulta ser algo no muy sencillo de conseguir. En este artículo te ofrezco mi experiencia personal de cómo conseguí dejar este hábito mediante cuatro poderosos y sencillos pasos.

El 31 de Mayo es el día que la OMS celebra el día internacional sin fumar. Esto me motivó a escribir sobre mi historia personal y mi relación con el cigarrillo.

Viví mi niñez en un ambiente con muchos fumadores a mi alrededor. En esos tiempos no había mucho control y se podía fumar prácticamente en cualquier lugar.

Mi padre estaba tan involucrado con ese hábito que recuerdo que siempre prendía un cigarrillo entre plato y plato de comida a la hora del almuerzo.

Cuando le pregunté por qué lo hacía y el me respondió:

No sé, de repente me doy cuenta que tengo el cigarrillo prendido entre mis dedos”.

Era algo que hacía sin pensar.

Al crecer en ese ambiente lleno de humo, reforzado por mi gran admiración por mi padre y sobre cada cosa que él decía o hacía, me llevó a adquirir el hábito de fumar. Nunca lo hice hasta que cumplí la mayoría de edad. Era una forma de respetar la imagen de autoridad que me infundía él.

Sin embargo, en muy poco tiempo empecé a sufrir las consecuencias del tabaco en mi cuerpo:

  • Carraspera constante

  • Tos de fumador; tosía desde la mañana a la noche

  • Dependencia absoluta del cigarrillo; prendía el primero a las 7:00 am todos los días

  • Los resfriados me afectaban inmediatamente mi garganta

  • Cansancio constante

  • Cuando hacía actividad física me ponía a toser de inmediato y provocaba molestas secreciones en la garganta.

Un día decidí dejar de fumar. Fue para uno de mis cumpleaños y me sorprendí lo rápido que pude hacerlo. ¡De un día para otro!

En mi mente tenía pensado dejar de fumar por un año exacto.

Y lo hice, no fumé un solo cigarrillo durante todo ese año.

Al cumpleaños siguiente, después de sentirme feliz por esta gran hazaña, me sentí como Súperman.

Entonces cometí mi más grave error. Decidí volver a fumar “Racionalmente”, controlando cada cigarrillo que fumaba para no volverme adicto nuevamente.

La “Racionalidad” duró un solo día.

Al día siguiente volví a fumar tanto como el último día que había dejado de hacerlo un año atrás.

Comprendí en ese momento que de verdad nunca dejé de ser fumador. Sólo me había dado un respiro por unos 12 meses, sabiendo que después volvería a la adicción del tabaco. “Me tenía atrapado”.

Y vaya de qué manera me tenía atrapado el tabaco. Mis molestias a causa del cigarrillo se acrecentaron. Ya no disfrutaba de las comidas, no les sentía ni el aroma ni el sabor.

Mi garganta se inflamaba con cualquier cambio de temperatura y no podía hacer ejercicios sin ponerme a jadear en todo momento.

Traté de dejarlo de nuevo en muchas oportunidades; sin éxito. Lo que más duraba eran 5 a 7 días y luego volvía a fumar con la misma o mayor frecuencia que antes.

En mi interior pensé que para poder dejarlo de nuevo, tenía que tomar una decisión poderosa y definitiva:

“Debo decidir NUNCA más probar siquiera

una sola bocanada de humo”.

Aproveché un viaje de estudio a la ciudad de Concepción que hice el mismo año que me titulé de Ingeniero, para reforzar esta decisión.

Recuerdo perfectamente que me compré una cajetilla de unos cigarrillos muy caros que eran los que más me gustaban.

Y me propuse que esa era la última que me compraba. A la vuelta de mi viaje yo dejaría de fumar definitivamente.

Fue una promesa solemne que me hice a mi mismo.

Y la cumplí.

Disfruté al máximo esa cajetilla. Recuerdo que al regresar de mi viaje, quedaron como 5 o 6 cigarrillos en la cajetilla que dejé sin tocarlos nunca más.

Pero no fue muy fácil. El síndrome de abstinencia fue feroz.

En es tiempo habían unas pastillas de caramelo que me gustaban y cada vez que yo sentía deseos de fumar, me echaba a la boca un puñado de esas pastillas. Mientras tuviera algo en la boca no podía prender un cigarrillo y fumar.

A veces reemplazaba las pastillas por un pedazo de pan u otra cosa que sirviera para mantener ocupada mi boca.

Obviamente subí de peso, pero en esa oportunidad prefería engordar a tener que depender del tabaco nuevamente. Después solucionaría lo del peso.

Concentrándome en el día a día, cada noche me felicitaba por haber cumplido un día más sin fumar.

Los momentos más difíciles eran cuando mis amigos fumaban en mi presencia y yo tenía que decirles que “no” cada vez que me ofrecían un cigarrillo. Algunos eran muy insistentes, sin embargo, logré vencer la tentación con la frase “Gracias, ya no fumo” y mentalmente me repetía “ ya no fumo nunca más”

A los pocos meses empecé a disfrutar los beneficios de dejar de fumar.

Lo máximo de mi experiencia de disfrute fue cuando junto a un grupo de amigos realizamos una excursión al Cerro “La Campana” en Olmué. Salimos muy temprano, con el objetivo de llegar lo más alto que se pudiera. Llegar a la cima significa subir hasta los 1880 m de elevación, por un sendero que se hace cada vez más escarpado.

Iniciamos nuestra caminata y al momento de divisar los primeros rayos del sol, escuchando el cantar de los pajaritos, mis fosas nasales empezaron a captar aromas que hacía mucho tiempo no percibía:

  • La vegetación húmeda

  • El aroma de la brisa matutina, fresca y cargada con aromas a flores.

  • El perfume de la tierra húmeda.

Me detuve por un buen rato a disfrutar de eso.

Sentí una gran alegría lo que reforzó aún más mi decisión de no fumar más.

Fue tanta mi alegría que, cuatro horas después, logré llegar a la cima con mucho esfuerzo y una gran satisfacción que hinchó mi pecho llenándolo de puro orgullo.

Los días siguientes seguí disfrutando de aromas y sabores deleitando mi paladar con manjares que hacía tiempo que había dejado de percibir.

Lo que aprendí al dejar de fumar

La lección que me ha quedado para el resto de mi vida con respecto a esta experiencia la resumo en lo siguiente:

Cuando quieres conseguir una meta u objetivo

  1. Analiza bien qué es lo que quieres lograr y “Toma la Decisión”.
    • Muchas veces no tomamos decisiones verdaderas, más bien declaramos un principio de buena intención pero no va acompañada de una decisión verdadera, definitiva.
  2. La decisión verdadera debe ir acompañada de una Resolución.
    • La Resolución según Jim Rohn es: “Prometerse a uno mismo que jamás vas a abandonar”
  3. Une tu decisión y resolución a una emoción muy fuerte.
    • La emoción es la responsable de materializar lo que te propones
  4. Concéntrate en los pequeños pasos.
    • Visualiza cada paso que das como la meta más inmediata que debes cumplir y felicítate cada vez que cumples esa pequeña meta.

 

Si tu quieres dejar de fumar o conseguir algún propósito en tu vida, te recomiendo que apliques esta secuencia de 4 pasos. Más adelante ahondaremos un poco más en cada uno de estos pasos y los uniremos con otras herramientas que ayudarán, complementando en el proceso de cambio hacia una vida mejor y más sana.

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Carlos Schafer Ramos
   Terapeuta en Biomagnetismo Médico
   Coaching y Mentoring en Técnicas de Regulación Emocional

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